El caso de Tom Pérez es un claro ejemplo de cómo las tácticas de interrogatorio coercitivas pueden tener consecuencias devastadoras en personas inocentes. En 2018, Tom Pérez, residente de Fontana, California, reportó a su padre, Papa Tom, como desaparecido. Lo que comenzó como una denuncia rutinaria se transformó en un interrogatorio extenso de 17 horas que llevó a Pérez a hacer una falsa confesión sobre la muerte de su padre, a pesar de que su padre estaba vivo y bien.
Durante el interrogatorio, los detectives usaron tácticas psicológicas manipuladoras, presionando a Pérez hasta que finalmente, agotado y desorientado, aceptó versiones de hechos que no habían ocurrido, como haber asesinado a su padre. Sin embargo, cuando la policía descubrió que Papa Tom estaba en un aeropuerto y no muerto como Pérez había creído, la confusión se resolvió, pero las secuelas emocionales para Pérez fueron profundas.
A pesar de la falta de evidencia y de que nunca se encontró un cuerpo, los detectives continuaron con la investigación. Tom Pérez fue demandado por encarcelamiento ilegal, violaciones del debido proceso y angustia emocional, lo que llevó a un acuerdo de $900,000 con la ciudad de Fontana en 2024, aunque sin que la ciudad admitiera culpabilidad.
Este caso subraya la importancia de la rendición de cuentas en la policía y cómo las tácticas coercitivas pueden arruinar vidas. La situación dejó a Pérez con un profundo trauma y desconfianza en las autoridades.