
Baltimore, EE. UU. — Lo que para muchos es simple basura en la calle, para Barnaby Wickham se ha convertido en una forma de arte. Este ciclista de Baltimore ha recolectado más de 700 tapacubos perdidos durante sus recorridos en bicicleta por la ciudad, transformándolos en llamativas esculturas y decoraciones.
Entre sus creaciones se encuentran coronas navideñas, un pez gigante y una enorme cabeza de Snoopy, todas hechas con tapacubos encontrados en la vía pública.
De la bicicleta al arte urbano
La afición comenzó hace casi dos años, impulsada por su amor por el ciclismo y el deseo de darle un nuevo uso a los objetos abandonados.
“Creo que parte de la emoción está en la búsqueda”, explicó Wickham. “Me encanta andar en bicicleta, me encanta Baltimore, y hay suficientes tapacubos como para que sea interesante, pero no tantos como para que sea demasiado fácil”.
Wickham, de 54 años, recuerda que todo empezó en 2024, cuando decidió recoger un tapacubos que encontró durante un paseo. Desde entonces, comenzó a colgarlos de su mochila mientras pedaleaba.
Un mapa de tapacubos “en estado salvaje”
Para organizar su colección, Wickham lleva un mapa en Google donde marca cada lugar en el que encuentra un tapacubos. Incluso mantiene una lista que llama “tapacubos en estado salvaje”, con ubicaciones que vecinos le comparten cuando ven alguno tirado en la calle.
Aunque recibe avisos, prefiere encontrarlos él mismo.
“Eso es parte de la diversión”, asegura.
Apoyo en casa
Su esposa, Kate, también participa, aunque de forma más discreta: ayuda durante la construcción y le da su opinión, además de recordarle qué calles no son seguras para circular.
“Yo soy más el equipo de apoyo”, comentó. “Lo ayudo mientras él explora su amor por probar cosas nuevas”.
Baltimore y su espíritu artístico peculiar
Aunque el pasatiempo puede parecer extraño, encaja perfectamente con el carácter de Baltimore, una ciudad conocida por celebrar lo excéntrico. Es la cuna del director John Waters, apodado el “Papa de lo trash”, y alberga el American Visionary Art Museum, famoso por exhibir obras de artistas autodidactas.
Wickham trabaja en marketing para una empresa de tecnología de defensa, guarda los tapacubos en su garaje y construye sus obras en el patio delantero de su casa. Utiliza estructuras metálicas, láminas perforadas y bridas plásticas para unir las piezas.
“Todo está sostenido con bridas”, explicó. “Los tapacubos tienen ranuras y agujeros, lo que los hace fáciles de sujetar”.
Sus obras son de gran tamaño. La cabeza de Snoopy, por ejemplo, mide casi cinco metros de alto y más de seis metros de ancho.
Tapacubos que viajan por el mundo
Aunque la mayoría de sus hallazgos provienen de Baltimore, Wickham también ha encontrado tapacubos en otros lugares. Visitas a su hijo en Ohio y hasta un viaje de trabajo a Italia —donde recogió uno durante un tour en bicicleta por Roma— han ampliado su colección internacional.
“Tuve que explicarle a la guía por qué lo recogía”, contó entre risas. “Cuando la gente entiende la idea, suele entusiasmarse”.
El año pasado, Wickham donó dos coronas navideñas hechas con tapacubos: una a la ciudad y otra a una organización sin fines de lucro.
Un pasatiempo que conecta personas
Más allá del arte, el proyecto ha generado encuentros inesperados. En una ocasión, un hombre lo vio recoger un tapacubos y se apresuró a avisarle que había otro cerca.