
La mayor parte de las palabras que utilizamos los hablantes de lenguas románicas proceden del latín, que al mismo tiempo nutrieron copiosamente a las lenguas germánicas y eslavas. Hoy Europa se alimenta de anglicismos, nos desbordan. Y unas lenguas los aceptan como esponjas, y otras, como el francés, se defienden como gato de espaldas, pero no siempre con éxito. Sin embargo, ignoramos o sabemos poco acerca de cómo el griego nutrió al latín y a las lenguas neolatinas, y también al inglés, con préstamos en los más diversos campos del conocimiento.
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